Un paseo por Madrid


Aprovecho los dos dias de reposo. Voy al médico ayer. Uso por en una de esas escasas ocasiones el seguro médico de mi empresa.
Llego al hospital privado. No es un hospital nuevo, pero en él hay un impecable color blanco. Algunas pocas personas y una espera no muy larga, me hacen mas llevadera la estancia.
No creo en una extraordinaria profesionalidad detrás del blanco, ni de lo cómodo de los asientos. No espero que nada que resulte comercial tenga en el fondo buenas intensiones o sea especialmente mejor.
Pero allí estoy yo,echando mano a la oportunidad de atenderme lo mas rápidamente posible, con el menor dolor posible.

Hoy amananezco con la noticia de la retirada de una de las pocas estatuas del "generalísimo" en Santander. Esto me recuerda cuando retiraron la de Nuevos Ministerios y cuando me fui allí, a ver cómo se lo llevaban. Me alegró la noticia.

Hay una España que sólo he conocido de referencia, pero que he visto muchas veces en esas pequeñas señales sociales.

Detesto las películas de Pajares y Esteso. Las películas de Gracita Morales me deprimen. No he sabido asimilar esa España de la dictadura, a pesar de lo humano de esas gentes. No me produce rechazo, simplemente me deprime.

La única España cañí que me produce sonrisas es la que me deja ver Almodóvar en sus películas.

Mi segunda salida en Madrid es a la calle Bravo Murillo. Tengo cita para hacerme unas analíticas. Esta vez por la Seguridad Social. Llego media hora antes y observo que al menos 100 personas esperan como yo. El centro de salud es también un edificio antiguo ya. A diferencia del de ayer, no es el blanco lo que prima, sino el color amarillo. En los bordes de los marcos de las puertas, en las sillas de espera, se ve esa pátina de la otra España, Aquella que envejeció y que algunos quieren que permanezca. Hago dos colas y finalmente me atienden una hora después. Me siento seguro de la atención y el personal es asombrosamente amable a pesar del tumulto que espera.

Me pregunto por qué han cambiado todos los bancos de la calle y no le han dado un poco de pintura al centro de salud. Me pregunto por qué ampliar la M30 y no contratar mas personal y ampliar aquél local.

Pienso en la estatua de Franco que retiran... pienso en cuántas estatuas no visibles hay que retirar aún.

Comentarios

JOAKO ha dicho que…
Esa España que te deprime es la España de mi infancia, pero hay muchas Españas, como supongo que ya as notado, entonces había menos que ahora, pero ya eran multiples, pero la imperante de aquellos años era deprimente, paleta, se regocijaba en su paletez, en su "como aquí no se vive en ningún sitio", que con ser verdad dice muy poco del pueblo que lo pronuncia. Pero había también una efervescencia que hemos perdido,en los ochenta sobre todo, cualquiera que tenia una idea, un empuje se lanzaba sin pensar a realizar lo que fuese. Aún con todo es esta España la que más me gusta, hemos avanzado, somos más, han venido de muchas partes a empujar y a ir diluyendo poco a poco a los que aún saludan cuando se retiran las estatuas.
irene ha dicho que…
No sabía que hubieses regresado, como llevo unos días un poco tonta, me dió por no entrar en el blog.
Estoy de acuerdo con todo lo que dices en tu post, excepto un poquito, con que a mí Almodovar, tampoco me termina de cuajar, pero eso son cosas mías.
Creo que queda otra por Ceuta o Melilla, supongo que también la quitarán.
Un abrazo.
Alberto ha dicho que…
Joako:
Así es hay muchas Españas, afortunadamente vivo en una España que no se parece a esas que no nos gustan, pero que también existe y que nos toca a veces.Los ochenta fueron absorbidos por el consumo y el mercado, y acabaron con la espontaneidad al tratar de hacerlo rentable. Pero eso no es achacable solo a España, sino desgraciadamente a casi cualquier sitio en el mundo.
Un saludote

Irene:
Pues si, he regresado hace unos días, ya echaba de menos mi casa. No sólo aún queda la estatua de Melilla, sino las otras que me preocupan mas. A pesar de no ser un defensor de Almodovar, si me gustan algunas de sus películas y creo que uno de sus méritos es reirse de todos esos tópicos cañí y de las reminicencias de la España paleta de la cual hablaba Joako.
Un abrazo

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