jueves 26 de enero de 2012

Delivery


Ayer me afeite todo el cuerpo, esperando convertirme en chino, pero amanecí sin lograrlo con algo de escozor en las partes afeitadas.

Aun tenía el pantalón del pijama y estaba tirado aun en el sofá donde duermo cuando sentí el timbre de la puerta.

Me puse el jacket y salí a la terraza delantera y desde allí pude ver el camión de UPS y ese hombre de tez muy morena y gorra de esquimal.

El timbre volvió a sonar, una y otra vez, y sin darme cuenta baje las escaleras de los tres pisos esperando responder al requerimiento del tío que insistentemente llamaba.

-Buenos días...Tengo una entrega de estas flores para el apartamento 1.

- Es que yo vivo en el tercer piso, apartamento 3.

- Es que no me responden en el primer apartamento y necesito entregar estas flores, puede recibirlas?.

- No se si debería, yo ni siquiera vivo todo el año aquí, y además soy extranjero, aunque ayer trate ser chino de Flushing sin éxito hoy.

- Recoja el ramo de flores por favor, y luego se lo entrega a la Sra...Iva....del apartamento 1.

La conocía. La señora Iva era una mujer de unos sesentaitantos años, de pelo pintado de un negro profundo y ella de origen griego. Llevaba toda su vida en Queens y con mucho trabajo y ahorros su marido y ella habían comprado el edificio de 3 plantas con 3 pisos. Vivian en el de abajo y alquilaban el resto.

Recogí aquel ramo de flores sin saber muy bien, que hacer con el. Subí las escaleras lo mas rápidamente que pude y busque en vaso donde ponerlas en agua.

Me vestí y me fui a Manhattan. Aun me quedaba explorar un barrio por el que había pasado muchas veces, pero había leído un articulo donde le consideraba un distrito histórico.

Una de las cosas que mas me gusta es perseguir un edificio, encontrarle y leerme en el café mas cercano su historia, generalmente relacionada mas con la gente que vivía o trabajaba allí mas que por las piedras mismas.

Después de una larga caminata por el barrio del Madison Square y dos paradas en varios cafés donde recargar cafeína.; aprovechar mas de un parque para dedicarme a mi delirio de rascarme el afeitado de mi cuerpo (comprobé que suele llamar menos la atención cuando uno se rasca en un parque a cuando lo hace en medio de la acera). Después de todo eso, decidí regresar a casa, cansado, sin acordarme de aquel encargo que había recibido del desconocido a primera hora de la mañana

Subí las escaleras, abrí la puerta procurando que no se salieran los gatos y entonces, como si esperara mi llegada, vi aquel ramo depositado en el centro de la mesa, con todos esos ridículos adornos de cintas y papel, que terminan desmereciendo las flores.

Aunque en el camino desde la puerta me había quitado el abrigo, el jersey y la camisa, decidí bajar en camiseta de manga larga. Pensé que me daría además un aire desenfadado con una familia griega.

Baje las escaleras ramo en mano y toque a la puerta de la señora Iva

- Quien es?

- Soy el amigo de los vecinos del tercer piso, que traigo una entrega para usted.

La puerta se abrió lentamente y apareció la señora Iva, que se me atojo mas gorda que de costumbre. Detrás a alguna distancia, su marido miraba fijamente hacia la puerta (donde estaba yo, claro) y competía conmigo con una camiseta sin mangas. En la tele estaba sintonizado el partido del Real Madrid-Barca.

Me explique:

- Hoy por la mañana trajeron este ramo de flores para usted, creo que la compañía de delivery era UPS, pero no estoy seguro, aunque firme un papel.

- Flores? para mi?- dijo la señora extrañada y mas bien con cara de disgusto

- Eso dijo el chico del delivery, la señora Iva....- De repente no pude evitar rascarme nerviosamente el afeitado de mi pecho.

Mire un segundo al marido de la señora Iva, que fijaba sus ojos no en mi, sino en el ramo de flores que aun colgaba de mi mano.

Mire luego a la señora Iva y solo su boca existía con un ligero bigote apenas perceptible

- Eso es imposible, esta usted equivocado. Esas flores no son para mi, la señora Iva es una mujer casada- se refirió a ella misma en tercera persona

Me quede bastante pegado y solo mi mente dejo de barajar posibilidades de equivocación cuando la puerta se cerro delante de mi nariz.

Claro - pensé entonces como explicándome a mi mismo- Solo las mujeres casadas no reciben flores en un delivery.

Abrí la puerta del edificio, Salí y camine unos pasos sintiendo el frio sobre la camiseta. Metí con cierto cabreo las flores en el primer latón de basura que encontré.

martes 24 de enero de 2012

Cambiar


Si caminas por Flushing el verdadero barrio chino de NY parece que la gente te hace invisible y para ellos no existes. Es diferente a si caminas en Manhattan, a pesar de la indiferencia de la prisa de los transeúntes, aun puedes interesar a alguien en Manhattan, encontrarse con tus ojos y quizá hasta recibir una sonrisa.

El barrio chino de Flushing me hace potentemente invisible. Me gusta pasar y que nadie cambie el gesto, ni se cuide de una mirada.

Las especie de bolas rellenas de sopa y carne de cerdo que como me sorprenden. En cualquier otro momento no hubiese entrado en este sitio que solo parece reservado para quienes pueden comer de todo, que hacen de la necesidad de alimento un placer.

De pronto quiero se como estos que tienen los ojos oblicuos, cuyos pensamientos solo parecen centrados en el aqui y ahora, en la tarea fundamental que realizan.

Nadie parece concentrado en la gilipollez de la contemplación. En lo absurdo del preguntarse por que de nada.

Quiero ser carne de su carne aun cuando la ausencia de vello en estos humanos es casi repelente.

La sensación de un mundo dentro de otro sin aparente conexión es grande... cuanto nos podemos alejar de nosotros mismos?

Recuerdo que una amiga me dijo una vez: ahora soy renacentista, y a mi me pareció absurdo.

Cuando ves a cualquier cooperante en África, a pesar de las diferencias, se han convertido un poco en África, sus ropas a pesar de ser occidentales han tomado el color de la tierra y su sudor es el mismo que el de cualquier nacional.

Ahora quiero ser un chino de Flushing y disfrutar esto tan asqueroso que me estoy comiendo, pero que me gusta.

Ya no quiero un nombre pronunciable ni un lugar en el metro de Plaza de Castilla.

Hoy quiero ser un chino más, para que después de La Tosca de esta noche me pueda hacer italiano emigrante.

lunes 9 de enero de 2012

Vuelvo



NY State of mind

New York State Of Mind Lyrics
Artist(Band):Billy Joel

Some folks like to get away
Take a holiday from the neighbourhood
Hop a flight to Miami Beach
Or to Hollywood
But I'm taking a Greyhound
On the Hudson River Line
I'm in a New York state of mind

I've seen all the movie stars
In their fancy cars and their limousines
Been high in the Rockies under the evergreens
But I know what I'm needing
And I don't want to waste more time
I'm in a New York state of mind

It was so easy living day by day
Out of touch with the rhythm and blues
But now I need a little give and take
The New York Times, The Daily News

It comes down to reality
And it's fine with me 'cause I've let it slide
Don't care if it's Chinatown or on Riverside
I don't have any reasons
I've left them all behind
I'm in a New York state of mind

It was so easy living day by day
Out of touch with the rhythm and blues
But now I need a little give and take
The New York Times, The Daily News

It comes down to reality
And it's fine with me 'cause I've let it slide
Don't care if it's Chinatown or on Riverside
I don't have any reasons
I've left them all behind
I'm in a New York state of mind

I'm just taking a Greyhound on the Hudson River Line
'Cause I'm in a New York state of mind

domingo 20 de noviembre de 2011

Puto Otoño


Es curioso como el otoño va y viene. Es curioso como este año no es el mismo que el año pasado y a su vez no tiene nada de diferente. Días como hoy recuerdo aquél poema de Mirtha Aguirre: El poema de la Verdad Profunda

Vivo en una burbuja cuasi rural. La semana en un edificio de cristal, en los iluminados vagones del metro, en la pantalla de mi tablet con las figuras del Angry Birds y de la casa de salón acojedor, una suerte de útero de color amarillo y blanco y algunos tierras. Y nada de la ciudad, que ya aburrí o mejor dicho de me dejó de decir nada.

Tengo un amigo que se ha mudado al centro. Hace dos días le hice una visita. Estaba exultante con su nuevo barrio. Una de esas calles del barrio del Dos de Mayo, donde se ven esas tiendas de papelería ecológica, sitios donde hacerse pircings o tatuajes o alguna cervecería irlandesa. Son los sitios de mi otro yo en mi antigua vida, que no es mas que esta misma con mas canas y menos sorpresa. ¿cuándo ocurrió que la ciudad ya no generara expectación? ¿o es ésta ciudad?

Un poco de los dos...

Los cubanos en general somos poco dados a que el entorno nos cambie. Nunca la situación del país nos hizo cambiar esencialmente de ánimo o de costumbres. En la Habana, la cabra segurirá tirando siempre al monte, aunque tengamos la Giraldilla del Castillo de la Fuerza al lado de un letrero de Coca Cola.

Después de algunas reflexiones (y pocas flexiones) acerca de mi vida hace mas de veinte años atrás, donde uno se pregunta cuando se encuentra con los amigos del pasado, que afortunadamente lo son para toda la vida, ¿en qué puedo haber cambiado? Y te respondes que crees que en nada, y ellos te lo reafirman...¿por piedad, compasión o simplemente cariño? Pero parece que no...que la cabra siempre tirará al monte y esencialmente seremos los mismos, nosotros los conservadores que votamos a la izquierda para seguir conservando la libertad de predecir sólo el futuro que nos conviene. Que es siempre todo el futuro, el nuestro y el de cualquiera, por muchas crisis que aparezcan y no importa cuán diferente vivamos.

Por eso me he negado a escribir de la crisis. O de la política. En el fondo creo que lo que mas les gustaría a quienes nos mandan o nos pretenden mandar es que además de obedecer escribiésemos sobre ellos. Que ocuparan nuestras vidas. Ya me ocurrió antes, a mí y a muchos y no hicimos ni caso. Y eso nos permitió y nos permite sobrevivir.

Así que no temáis. Nada les puede quitar lo que ya sois ni hay que nada que temer; que mientras exista una célula gris de nuestros cerebros con memoria, a pesar de que todo a nuestro alrededor se desmorone, seguiremos siendo siempre la misma cabra que tira al monte.

viernes 2 de septiembre de 2011

Coney Island

Creo que hay pocos sitios en el mundo tan cutres como Coney Island. Quizá soy demasiado severo y la palabra correcta es "decadente".
Coney Island es una península que corresponde a Brooklyn, uno de los barrios o distritos de NY.
Y además debo decir que me gusta. Es conocido principalmente por su parque de atracciones y por ser la playa más cercana a la ciudad.
No todas las cosas cutres me suelen producir la misma sensación, pero Coney Island es una de esas, que aún pareciéndome decadente, cutre u hortera (podéis escoger) ejerce sobre mi la fascinación de lo que aún siendo ajeno y a veces repelente para mis gustos habituales no puedo dejar de mirar una y otra vez con una insistencia morbosa. ¿Qué le voy a hacer? Soy así de rarito desde pequeño.
Hay otra razón casi nostálgica. En la playa de Marianao, un barrio de La Habana como es Brooklyn de NY, existía (creo que quizá aún exista) un parque de atracciones que se llama Coney Island.
Siempre que me vence la rutina en NY decido emprender una excursión allí, que empiezo a disfrutar desde que tomo la línea de metro que me lleva, durante un trayecto de mas de una hora y afortunadamente gran parte del recorrido sobre tierra; por lo que puedes ir viendo una barriada y otra y en cada sitio sus gentes. Históricamente las zonas cercanas de Coney Island se poblaron de rusos judíos y aún ahora (hace ya 20 años, que no son nada como dice Carlitos) cuando se produjo el éxodo del "Este" muchos rusos-soviéticos vinieron a carenar aquí.
El sitio es una mezcla de parque de atracciones, incluso con locales que prometen la exhibición de fenómenos humanos (aunque supongo que fuera se pueden encontrar mas freakies) y playa popular.
No hay tanto extranjero como norteamericano de clase "baja"; gente que se gana la vida lo mejor que puede y que no se puede permitir irse a las playas de Long Island o pagarse un viaje a Disneyland.
Recuerdo especialmente un viaje en ese metro que me llevaba a la playa. Era invierno y la posibilidad de caminar por la orilla desierta y mirar los esqueletos de los aparatos del parque de atracciones me incitaba a hacer el viaje.
Un matrimonio viejo, muy viejo subió en una estación del centro de la ciudad. Al observarlos detenidamente, sus ropas todas de negro, el sombrero de él de ala ancha y la peluca de la señora indicaban que eran el típico matrimonio judío apegado tanto a su tradición que llegaban a convertirse en la tradición misma, ausentes de cualquier otra identidad o identificación.
Como la gente mayor (yo también empiezo a ser mayor y por eso lo sé), actuaban con el desparpajo que dan los años, ocupaban mas que sitio del que normalmente les correspondería en la fila de asientos y miraban inquisidoramente a cualquiera que se parase frente a ellos. Ese fue mi caso. Al poco rato de entrar y sentarse, me levanté yo dejándole el asiento a otra anciana y aprovechando para aproximarme a ellos.
En realidad no estaba preparado para la inspección de la señora. El señor me echó una mirada de arriba a abajo e hizo una mueca de reprobación, olvidando de inmediato mi presencia. Pero ella se detuvo en cada sitio en que miró. Después de mirarme directamente a los ojos comenzó un sondeo que iba desde las botas manchadas con la sal, el pantalón de pana gris sin apenas color, la chaqueta (quizá demasiado nueva para el resto) y cuando yo pensé que se detendría en mi cara, prácticamente la pasó por alto centrándose en mi ridículo gorro de esquiar, que si mal no recuerdo tenía hasta una de esas bolas de estambre que en Cuba le llamaban "pompón".
El tiempo que estuvo concentrándose en mi gorro fue tal, que me hizo repudiarlo de inmediato y casi quitármelo, de lo cual me abstuve por no darme por enterado.
Después me olvidó. desaparecí de su vista. Más aún de su cuerpo.
A pesar de haberse casi vaciado el tren (cada vez nos acercábamos más a la última parada) yo seguía de pie frente a ellos, mirándoles disimuladamente, pero con la comodidad de estar de pie a mayor altura que ellos.
Hablaron supongo que en yidish, porque no pude entender nada y sólo al final una o dos palabras en ruso.
- Pashalsta- dijo ella
Y acto seguido presencié una de las escenas más surrealistas de mi vida:
Ella abrió su gran bolso y sacó una bolsa de plástico transparente. Metió su mano enguantada y sostuvo por un momento en la palma de la mano algo que... dios ... me pareció que era una dentadura postiza.
Siguió hurgando con su otra mano en el bolso hasta encontrar un cepillo de dientes y un pequeño tubo de pasta blanca. Cepilló cuidadosamente la dentadura con el cepillo dejando caer sobre su
abrigo negro las partículas que tenía y aplicó la pasta blanca en la ranura donde iría la encía.
Acto seguido, con un movimiento rápido se colocó la dentadura con una mano y entonces ... entonces ... levantó la cabeza buscó mis ojos y me sonrió con aquella sonrisa artificial que me había escondido todo el viaje a Coney Island

fotos de Coney Island aquí

lunes 8 de agosto de 2011

No es Matt pero casi ...

Y uno se pregunta siempre cómo poder hacer esto ... recordáis también a Matt?

miércoles 27 de julio de 2011

Extraña Isla

Después de unos meses devanándome los sesos con las noticias de los periódicos, escuchando a políticos y filósofos. Después de quedarme sin nada que decir ni ganas de hacerlo, recuperé la vida marchándome de vacaciones.

La isla. El panorama es desértico y las aguas rompen salvajemente en sus costas. Llevo una semana aquí y la bandera roja permanece izada cada día.
No es que me importe mucho. Me tomo un café en la terraza de la habitación, uno que me preparo la noche anterior y que me permite poder bajar al comedor decentemente. Esta frío pero no importa. Se hace una costumbre que al principio parecía una tortura necesaria. Esta es una isla de torturas que se convierten en placeres, una apología a la insanidad mental. El viento no deja de soplar allá tras las ventanas, e impide el pensamiento en plena corriente, aturde aún cuando se mira al mar de lejos.

Hace años estuve aquí; dos veces. La impresión era "rara" pero no tan violenta como ahora. Extraña combinación de fascinación desapacible. Ocurre lo mismo con la ausencia de vegetación. Apenas existente, me fijo en las púas de los cactus, en la pobre maleza que crece en las vastas extensiones de arena.

Ahora he vuelto. Mi idea de días de sol y playa como descanso no van a ser posible. Al menos no ese descanso de permanecer tumbado al sol y bañarme en la playa de aguas cristalinas. Aquí cuando te tumbas, la zozobra que produce el aire y la arena produce que se agolpen los pensamientos a una velocidad mas rápida de lo que comunmente ocurre.

He quedado con dos amigos que hace años que no veo. Viven aquí, desde los años 80 cuando huían de las ciudades y caÌan en la tentación de la vida natural que les prometía una felicidad interminable. Ella es rubia y conserva la piel permanentemente morena aunque me confiesa que hace mas de un año que no se sienta en la playa. La piel se le estropea con el aire y la arena y su rostro se ve envejecido. En Él la mirada es la que parece haber sido maltratada. Tiene los ojos que no miran hacia ningún lugar. Fuma hachís constantemente y bebe tragos de vino o de ron. No les veo desde hace mas de diez años pero la isla parece haberles pasado una factura de mucho mas.

Quedo con ellos y nos veremos en su casa esta noche.

Me siento en un ínfimo bar del pueblo, apenas pintado y adornado con carteles que prometen unas hamburguesas que nunca tienen ese aspecto, y ese cartel con el nombre que me ha llamado la atención me ha hecho sentarme aquí: Celia Cruz.
De inmediato aparece una cubana con esa sonrisa de oreja a oreja y duda de que yo sea cubano (?!!) y yo dudo de su duda. Me presenta a su marido, que es de Holguín- me dice. Nunca diferencié alguien que fuese de Holguín o de cualquier otra parte en Cuba. Curiosa observación. El tío me cuenta su historia, que me interesa. Su pequeña carrera como empresario de bar, trabajador de mantenimiento, náufrago de los papeles de inmigrante. Una historia muchas veces escuchada y siempre interesante. Nunca se parece a la mía, por eso me gusta. Me han echo sentir bien y recobrar la calma en algo familiar y conocido. Hasta el ruido del aire mas lejos del mar ha cesado.

Me tengo que marchar. Regreso al hotel en la guagua local, cada paso que da el autobús se adentra de nuevo en el ruido del viento. Me ducho, saco una camisa limpia y me calzo algo mas que esas sandalias que me acompañan desde que salí de Madrid. Hasta me pongo un poco de colonia que me haga sentir limpio y calmado como un bebé. Pero no es posible. Mientras ando por el sendero de dunas hasta casa de los amigos la tormenta de arena estruja esa camisa limpia y se lleva ese olor de estreno de mi cuerpo.

He llegado a la casa-oasis. En un sitio de vegetación inexistente han logrado árboles que cubren hasta el techo de la vivienda, mitad interior y mitad al aire libre. La influencia árabe en las cosas de la casa es evidente y me recuerdan que esto también esto es África y esa arena es casi una prolongación del Sáhara.

Ella trata de aparentar que nada sucede, aunque la mirada de Él me dice lo contrario. Charlamos acerca del rumbo de sus vidas y básicamente sólo han permanecido allí, en medio de ese viento, sin hacer otra cosa que leer libros o escuchar música. Y beber o drogarse que es lo mismo.
Algo que para mí ha sido el paradigma de la felicidad, se empieza a desmoronar. Siempre pensé que el ocio (al menos el mío) me dejaría vivir plenamente. No hay felicidad en esas vidas supuestamente relajadas, ausentes de cualquier responsabilidad (que palabreja). No hay alegría en el pensar y creo que prácticamente mi presencia ha sido el único acontecimiento reseñable en mucho tiempo.
Él me dice algunas palabras con una voz muy baja que ella se apresura en tapar con las suyas. Yo intento seguir la conversación de ella mientras trato de decifrar lo que Èl me dice, con una voz inundada por el alcohol y la yerba.
- Le voy a matar
Apenas puedo distinguir la frase. Apenas en dos conversaciones entrecruzadas escucho que Èl va a matar a alguien
Sigo esa conversación a dos voces y siento que mi cabeza me empieza a doler.
Ella finalmente se levanta a buscar la cena y ya para entonces tengo náuseas a causa del dolor.

- La voy a matar, me dice de nuevo y entonces me escucho preguntando
- ¿A quien? ¿para qué?- Yo mismo me sorprendo con esa segunda pregunta tratando de racionalizar algo por encima de cualquier afectividad. No dije por qué, y eso me asusta.
- A ella, ya no la soporto. La he de matar con una sierra eléctrica que tengo. Se levanta un momento y rebusca en un armario de jardín, en aquella aparentemente plácida terraza llena de plantas.
- Con ésto voy a matarla hasta que no queden mas que pedazos de ella. Y me muestra un artefacto eléctrico de color verde con unos dientes mecánicos.

Trato de razonarle con algunas palabras lo absurdo de aquel pensamiento. De ese deseo. Apelo a que ellos existen para cuidar de sí mismos y no para destruirse. A cada palabra mía (ya casi dichas con alguna desesperación) Èl sigue diciéndome que la matar, si no es aquel día ser otro. Y yo se lo creo y mis manos sudan.
Ella regresa con un couscus y se disculpa que sólo comamos vegetales.
Yo quiero decirle todo lo que me ha confesado Èl, pero en su mirada intuyo que ya lo sabe.

Me marcho mas pronto de lo previsto. Alego mi dolor de cabeza y cuando llego al hotel le llamo por teléfono a Ella. Le digo lo mas apresuradamente lo que me ha dicho Èl y le pido que abandone la casa.

Ella hace un silencio y después le quita importancia al asunto. Me dice que ya se lo ha dicho muchas veces, que está así desde hace un tiempo. Que incluso ha llamado a la policía en un par de ocasiones. Yo trato de que asuma un posición mas segura, que se marche, que llame a un médico...
- Es inútil- me dice. El no quiere curarse. Nada va a pasar - añade -Duermo un el móvil en la mano. Como si eso fuese suficiente para estar segura, me digo en voz alta tratando de asociar la seguridad a ese aparato que uso cada día y que sólo significa trabajo para mí.

No puedo luchar contra lo que se impone de una forma irracional a mí, pero que resulta racional para otros.

Me despido...mi dolor de cabeza comienza a ceder...en un par de días dejaré la isla. De momento, el aire sigue silbando fuera.

Este relato (verídico) es como haber vivido la novela de Camus "El extranjero" en primera persona
Algunas fotos de Fuerteventura aquí