Y ahí voy… a su encuentro, caminando despacio, observando cada segundo, cada luz y cada sombra. Mis viajes de “vacaciones” son buenos, pero no llegan a tener la totalidad del viaje anual, ese que se realiza cuando empieza el año, no importa en que fecha lo inicies. No son ni buenos, ni malos, o quizá son “el viaje”, una mezcla de ruidos, ausencias, quietud y vorágine. Eso suele ser el viaje del año. Este año reviví la amistad adolescente de un amigo, el cariño de la juventud de una amiga. Aún les tenía conmigo, a pesar del tiempo y la distancia. Empezó incluso antes del verano. Unos inmigran o emigran y aparecen de nuevo, donde nunca se habían ido y pareces que les cuidas, y más bien ellos cuidan de ti. Compartir escenario con un amigo de niño. Porque a los diecisiete o antes sólo se es un crío y agotar el tiempo en Segovia o París con los mismos chistes y petulancias y poder repetir que seguimos siendo los mismos siendo tan diferentes a como éramos…no tiene precio. ...