viernes, 31 de diciembre de 2010

Esperanza y nuevo año

No hay por qué desesperarse y hacer caso a esas viñetas y noticias pesimistas (no es cierto Nachus?)

Hay otra manera de ver el mundo que resulta esperanzadora, hacía días que no echaba mano de ella y hoy la he redescubierto.
Al final he comprendido que son las mismas noticias desde un punto de vista mas natural y esperanzador. Os las dejo para que reprograméis vuestro pesimismo:



Ah...y también tenemos las palabras de nuestro monarca aquí.

Adiós a este año, ¿feliz año nuevo?

Tomado de El País (por si hay ley Sinde...)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Otro cuento de Navidad


Esto de los cuentos de Navidad es una tradición dickensiana a la cual no acabo de verle el sentido, pero que me resulta atractiva en su idea en general.
No me gustan esos finales felices o las moralejas que se encajan en ellos y más bien aprecio a los que saben resumir en el final del año, lo que fué ese año para la gran mayoría. Es cierto que no todos tenemos la misma vida, ni nos ocurren las mismas cosas, pero por mi simple observación, la vida de todos los corderos de este rebaño que es la humanidad bastante parecida en su media, claro, después que acotamos el sitio del planeta donde vivimos (evidentemente en África o en Latinoamérica no se vive como en Japón).
Mi relato de Navidad cuenta del retorno de mi trabajo hoy. Una suerte de rutina placentera, que raras veces se interrumpe y como que ya soy mayor, me fastidia cuando no sucede exactamente lo previsto.
Suelo ir a un estanco de tabaco, muy cerca de la salida del metro, desde hace unos meses. Una pareja joven, él de nombre Iñaki y ella con algún nombre que alguna vez supe pues le pregunté pero que no pude fijar ni siquiera con la nemotecnia (a veces es peor ponerse una regla para recordar).
Normalmente allí charlo brevemente, siempre evitando el tema del tiempo y haciendo alguna pregunta que suene divertida. Es tan difícil vivir de la rutina de las preguntas y las respuestas que trato de provocar al menos un guión no pre-escrito.
Al llegar al estanco (un sitio limpio pero no del todo ordenado, como hecho a mi gusto) observé gratamente que no había ni un adorno de Navidad. Esto es algo que realmente me reconfortó, cuando últimamente no sólo padezco de la saturación de infames noticias políticas, los textos de los cables de wikileaks que me leo diariamente , las amenazas de quedarnos sin sitio para fumar o bajar pelis, la posibilidad de que tenga que ir con pañales y sondado si es necesario por la incontinencia urinaria a trabajar ya en edad avanzada …y además de todo eso sufro la estética y semántica de la temporada. Las luces de colores, las bolas de cristal, los gorros de papá Noé y quien sabe cuántas cosas más que en mi neurótica cabeza significan sonrisas fingidas, nula compasión con los que menos tienen, falsa caridad, mal gusto natural del Ayuntamiento de Madrid y así un rosario de fetiches-símbolos en mi retorcida mente. Lo confieso y no es un snobismo: me repatean la Navidad y las fiestas.
Volviendo al estanco, mi saludo-pregunta de hoy fue más una exclamación de felicidad que una pregunta:

- ¿ y cómo es posible que este oasis de armonía haya resistido el embate del colorido Navideño?


La señora-chica-mujer que tenía delante de mí se dio la vuelta y me miró de arriba abajo.
La sonrisa de Iñaki y su compañera de nemotécnico pero olvidado nombre me envalentonó y aunque las palabras del dueño del kiosco fueron bastante planas y poco antinavideña s- militantes me sentí apoyado.

- Bah- dijo Iñaki, iba a poner unas luces, pero al final me dio una pereza…

- Pues menos pereza en el comercio – apuntó la chica-mujer-señora de delante- que en esta época de crisis hay que hacer cualquier cosa porque la gente compre…

El tono me pareció bastante irritante y reparé en la indumentaria que llevaba: pelo rubio oxigenado al límite de quedarse sin pelo, botas altas negras, falda de cuero negra también y chaqueta roja de nylon. Parecía una dómina (aunque confieso que sólo he visto las que salen en la tele o las revistas).

No se por qué se me ocurrió responderle con una pregunta:

- ¿y usted vende algo?

Inmediatamente me arrepentí…pero bueno ¿dónde se mete uno en esos momentos?

- Fíjate lo que te voy a decir gilipollas, yo trabajo en la televisión y no vendo nada y si te refieres a mi cuerpo, éste - y se señaló para una teta - no tiene precio.

Por un momento pensé que era Belén Esteban (gracias por el mal rato de esa foto Fátima) con un nuevo cambio de cara que me había cogido fuera de frente al televisor.

- No si yo sólo preguntaba porque….- traté de decir, pero aquella señora-chica-whatever siguió diciéndome:

- Y además a mí me gusta la Navidad y no te permito que insultes ni a los R (r)eyes Magos…-

y con la misma, partió hacia la puerta y con un fuerte portazo se marchó sin comprar..¿por cierto qué iría a comprar aquella mujer?

Todos nos habíamos quedado sin habla…pero con el portazo recobramos el aliento y con una carcajada general rompimos el silencio.

- ¿ves?- me dijo Iñaki - al menos para echarse unas risas sirve la Navidad …

A lo cual yo respondí:

- Esperadme 5 minutos que voy al chino de la esquina, que es el especialista en ésto y te compro unas luces…

miércoles, 8 de diciembre de 2010

En estos días


Miras por la ventana y llueve. Así los últimos días. Unos un poco de nieve, otros un poco mas de lluvia.
Desde la cama te dejas llevar, según del calor de la habitación y las mantas. Al refugio de lo que pasa ahí fuera.
Un tipo corre bajo la lluvia, le ves dar vueltas al parque. Por un rato se pierde y vuelve de nuevo. Esperas no verle en algún momento, cuando aparece de nuevo y te recuerda que está ahí.
Ésa parece ser la única verdad de los últimos días.
No es que no sepamos que la mentira existe. La intuíamos, está presente en una quinta dimensión, pero pocas veces se presenta cada día palpable.
A fuerza de no creer en casi nada, de escuchar o leer el discurso oficial (créanme que tengo experiencia en eso) nos refugiamos en lo que nos cuenta otro, con al menos otros intereses que no sean los del mercado y el poder.
Me pregunto si se nos podrá condenar por querer escuchar a los “otros”.
Cada voz alternativa nos brindará una ventana de una verdad diferente. Que quizá tampoco sea verdad, pero que al menos es diferente. A veces lo que mas hastía es el mismo discurso de siempre, los mismos clichés que nos domestican.
Aunque la paranoia llegue a dudar de esas nuevas fuentes, al menos nos dará la nueva sombra de la duda ante la certeza de la mentira.
No es que tenga mucha fé en los políticos, pero a veces me cuesta no ver en ellos el cinismo. No sé por qué terminan presentándose como hombres y ante esos, es difícil perder toda la confianza… además ¿a qué planeta deshabitado me mudaría para no tener que dar un mínimo de confianza a alguien?
Pero he llegado a la conclusión que los políticos no son hombres, son maquinarias llenas de intereses, que las instituciones no son tampoco de fiar del todo, que detrás de la fachada siempre hay verdades a medias, mentiras ocultas.
Miro de nuevo al hombre que corre. Ahora temo que desaparezca también y dude que haya sido cierto, que no fuese una mera ilusión…
No sé por qué nos angustia tanto Matrix si algún día se publicará (por esos siempre perseguidos) que vivimos en esa matriz desde el inicio de los tiempos y que desde entonces nos controlan y terminan obligándonos a pensar con las tendencias oficiales del rebaño.

Madrid magistralmente retratado en estos días aquí.