martes, 24 de agosto de 2010

Sans adieu



24 horas para que se desintegre este blog... :-)

En realidad -acabé pensando- despedirse a la francesa debería seguir siendo considerada una forma muy elegante de partir, pues si no decimos ni una palabra de despedida seguramente eso se debe al inmenso agrado que nos produce la compañía con la que estamos y con la cual tenemos el propósito de volver: si nos vamos sin decir palabra es porque decir adiós significaría una muestra de desagrado y ruptura.

tomado de El País

lunes, 23 de agosto de 2010

La gente de San Francisco


Parte de viaje es para mí la gente. La gente que encuentro, con quien converso o simplemente la gente del sitio donde voy. Me gusta ver sus caras, sus gestos. Es una especie de reto encontrar cuanto difiere la gente de un sitio a otro. O cuánto se parecen.
Estoy convencido que gran parte de nuestro comportamiento tiene que ver con nuestras necesidades, las cuales en un mundo globalizado, nos hace muy parecidos a todos los que vivimos en ese mundo "occidental".
No obstante, San Francisco muestra gente muy peculiar. Aún quedan rastros de ese espíritu de libertad de la época hippie (cuna del hippismo) o de las revueltas de los estudiantes en Berkeley, California. No parece ser una ciudad conservadora al uso, pero hay posiciones tan extremas como aceptar que alguien vaya desnudo por la calle (al menos he visto 3) y mantener una histeria ante el tabaco, que no permite fumar ni en muchos parques, ni a menos de 10 o 15 metros de la entrada de cualquier establecimiento. Me chocaba el fanatismo antitabaco y hay una campaña fuerte por extender la prohibición a cualquier sitio (exterior o interior) público (pues si, hasta en la puta rua quieren prohibir fumar).
Pasando por alto del coñazo que significa eso, la gente se muestra amable y no sé si dispuesta a ayudar al forastero, pero al menos no parece nada hostil a él.
La composición de la población:31,3% de asiáticos, en su gran mayoría chinos, el 14% de hispanos, 7,3% negros y 45% blancos no hispanos. Esto hace bastante peculiar la ciudad (con respecto a USA). la posibilidad de ver a un chino es mayor que la de ver a un negro o a un latino. Y los "blancos" no hispanos no llegan a ser en el gran bulto de la sociedad los que mas se divisan, pues tienen menos de la mitad de la población.
Acostumbrados a la cultura latina, por su ya conocida ocupación de los territorios que fueron de México, la comida, el idioma y la cultura mexicana son bastante visibles. Sólo los chinos con sus enormes migraciones ha logrado imponer su presencia en buena parte de la ciudad. Es el barrio chino mucho mayor que el de Nueva York y también son mas numerosos los comercios de chinos para chinos, y no para turistas, como suele suceder en la mayoría de los barrios chinos del mundo.
El porciento de homosexuales en San Francisco es mayor que en cualquier ciudad de USA, llegando a algo mas del 15 % de la población. No sé si son las herencias del Harvey Milk o la idea del guetto, pero al final los símbolos gays no se limitan al barrio del Castro, sino que llenan toda
la ciudad. Tampoco conozco qué grado de compromiso social tendrán los gays como grupo, pero teniendo en cuenta los problemas que han tenido para lograr la legalización del matrimonio homosexual, sin noticias de grandes manifestaciones, creo que estos herederos del Harvey Milk están mas adaptados al establishment y sus reivindicaciones sociales son tan importantes para ellos como la subida o bajada de la bolsa. No olvidemos que es uno de los colectivos con mayor poder adquisitivo y son capaces de lograr quizá no un papel, pero si un estatus, una pareja y vida en común o la la adopción de niños o el discutible "embarazo por encargo". No voy a polemizar sobre esto, pero siempre me he preguntado cuánto hay de vanidad en querer ser padre (o madre) por encargo en lugar de adoptar tanto niño desvalido u abandonado. Pero repito ni tengo datos ni conozco si es imposible (creo que no) lograrlos por otra vía.
La gente parece mas relajada que en la costa este, pero no sé cuán real será eso teniendo tan cerca los parques empresariales como Silicon Valley donde tras una fachada de trabajo divertido se esclaviza tanto al personal como en cualquier otra compañía, y a veces mas. El mito de Google, o Microsoft como empresas donde la gente parece que va a jugar o a liberar su espíritu de "Peter Pan" ha quedado atrás con los enormes beneficios que dan esas empresas y que al fin y al cabo, en el Capitalismo afirman que cuando mas se gana ($) mas se quiere ganar ($).
Alguna gente de San Francisco aquí.

jueves, 19 de agosto de 2010

Las Vegas, viaje a ninguna parte


Hago este post para desmitificar una opinión propia, o mas que eso, es una impresión de mi visita a Las Vegas. En realidad no hay nada extraordinario en mi visita allí, ni tampoco hay nada en mi impresión que pueda herir susceptibilidades. Tendré que escoger algo las palabras (esa eterna fuente de malentendidos) o pensar si en realidad soy objetivo cuando me digo que me puede parecer una ciudad para gente inculta. Ahi va la primera... Pero inmediatamente me viene a la mente mis tíos, en específico una tía que no es nada inculta y a la que las Vegas le parece
"fenomenal". Sinplan se ha puesto en evidencia (me parece bien) con una declaración de que le gusta "Las Vegas". Sinplan es para mí es de los tíos mas brillantes que he conocido y no hay sospechas de que pueda ser un tipo especialmente inculto. La mujer de un primo directo, que es norteamericana y que me cae especialmente bien con su conducta desenfadada que me recuerda las conductas latinas, pero que va mucho mas allá con una sutileza de diversión ante casi cualquier cosa en la vida me ha dicho " Vegas (muchos norteamericanos sólo le llaman así, Vegas) is FUN!"
Bueno, con todas esas opiniones que para mí tienen algún peso, llegué a Las Vegas proveniente de la ciudad de San Francisco donde tenía 6 grados de temperatura, a esa mítica ciudad donde el termómetro marcaba los 45 C (110 F).La ola de calor desértico abofeteaba la cara y ya desde el aire se podía preveer que aquél oasis en medio del desierto de Nevada tenía que ser un sitio al menos caliente y alterado.
La eficiencia con que te traslada un autobús a tu reservado hotel o a la agencia donde has alquilado el coche es asombrosa. Para mi asombro las máquinas tragaperras están hasta en la puerta de salida de los vuelos. En pocos minutos entrábamos en la ciudad con el coche alquilado, por una autopista que la rodea y que te permite observar el perfil de los altos edificios que resultan ser los hoteles. Casi todos ellos temáticos: una pirámide, un edificio Veneciano, un anuncio inmenso de la MGM. La primera impresión es la de estar en un parque de atracciones gigantesco. Aún no se aprecian los detalles de lo "hortera" (traduzcámoslo como "lo de mal gusto". Para eso hay que acercarse un poco mas a las fuentes con estatuas romanas hechas con una mezcla de hormigón y fibra de cristal (no, no son de piedra ni de mármol). Algunas palmeras gigantescas daban la bienvenida en la entrada de mi hotel, el Treasure Island. Una fantasía de Corsarios y Piratas. Una larga cola para registrarse en el hotel, a pesar de los 6 empleados que tenían para el registro. Y es que la masividad de las Vegas hace que los hoteles y la calle se conviertan en la manifestación mas socialista de público popular (valga la redundancia), un ejemplo de la mass media norteamericana. Este comentario resulta casi elitista. Lo reconozco, pero me era inevitable constatar desde la familia media norteamericana hasta esa parte del pueblo que en su aspecto puede rayar en lo periférico de las ciudades, en la cultura de Belén Esteban como representativo de lo mas popular. Lo mismo me ocurre en IKEA de San Sebastián de los Reyes en Madrid cuando escucho la discusión de un matrimonio con dos niños pequeños que corretean por allí.
No hay nada malo, o feo o vulgar en las grandes masas. Yo también y todos somos representativos de ella, porque como su nombre lo indica "la gran masa" aglutina a todos. No somos cuatro "raros" los que nos gustan otras cosas que no sean las luces de colores o el juego. Hay quien tiene la suerte de disfrutar una puesta de sol sobre el skyline de una ciudad y disfrutar del momento en que se sienta delante de una maquina tragaperras, insistiendo una y otra vez con sacarle dinero. O que le parece bien y estético esa réplica de la torre de Eiffel o del Coliseo romano de hormigón. Es sólo una cuestión de gustos y tan válido es uno como otro. No van a ser mejores ni peores unos que otros. Ni mas cultos o mas refinados.
Así que dicho esto puedo afirmar que la sensación que me produjo Las Vegas, lo mismo de día que de noche, fue de cutrés (algo barato y de mal gusto). Observar de cómo habían hecho toda la arquitectura y decoración de un lugar para promover el juego (los hoteles refrigerados en contraste del calor de la calle, los lobbys de los hoteles inundados de máquinas para jugar, comedores gigantescos con buffet para atender a miles de personas, edificios de mas de 30 plantas para albergar mas y mas huéspedes cuya principal atracción es jugar (no hay muchas otras allí). Todo esto quizá estúpidamente me deprimió. Observé una convención de sordomudos en mi hotel y vi cómo muchos de aquellos visitantes que había encontrado en la comida (los desayunos allí no van incluidos pues la gente se levanta tarde, sólo se incluye la comida) le veía sentados en las máquinas. Con sus señas alguna vez se comunicaban con el que tenían de la máquina de al lado. La concentración que mostraba sus caras en aquellas pantallas llenas de luces y colores que no exigían mayor habilidad que apretar un botón para finalmente obtener la respuesta de que no has ganado me hacía compadecerles inútilmente.
Una larga cola (en casi todos los sitios) para subir a las "góndolas" del canal de Venecia que han construido en The Venetian me hizo pensar de que era una atracción gratuita. Pues no, la gente hacía colas y pagaba porque una barca hiciera un recorrido en un canal artificial de 20 X 5 metros. Salía a la calle y el calor pronto me volvía a meter en otro hotel. En la puerta de éste otro, una chica rubia, americana, le decía a su pareja:
- Hazme una foto con la torre de Eiffel detrás...¿no es increíble tener la torre de Eiffel aquí ?
Yo miraba la réplica de la torre, pequeña para el original, por supuesto, y no la encontraba tan mal. Y hasta cierta ternura me despertaban sus palabras, reconociendo el símbolo de París en las Vegas. Lo mismo no podía decir de la fuente de Trevi. Cuando me acerqué sentí que aquel material era como el que se podía ver en las figuras que venden los chinos en las tiendas de todo a 100.
Y mucha mucha gente.
Entré en otro hotel. Me acerqué a una mesa con una chica que hacía de dealer y que vestía unas mallas ajustadas, mezcla de conejita de Playboy con mamachichos de Telecinco. Me detuve a observar el movimiento de sus manos. La rapidez con que los movía me fascinó...

- First time in Vegas? - me preguntó con una de esas sonrisas artificiales que te dicen que el cliente siempre tendrá la razón.
- Yep, dije yo
- Like it? Dijo ella esperando la usual respuesta de lo que suele ser la respuesta correcta.
- No - respondí casi secamente tratando de no perder cordialidad.

Su cara pasó a una expresión mas natural, aunque seria

- All the white trash of US come here (toda la basura blanca (literal) de los Estados Unidos viene aquí).- respondió ella

Me despedí brevemente casi con vergüenza, deprimido. Casi tan deprimido como Holden Caulfield perdido en las calles de NY. Me dije a mi mismo que yo era un imbécil elitista y un snob por responder algo que no estaba programado.
Al día siguiente di nuevamente un paseo por el recorrido hecho la noche anterior, acompañando un amigo que había venido de Chicago a reunirse conmigo. Mi impresión no cambió con aquella ecológicamente desastrosa ¿ciudad? (millones de metros cúbicos de aire refrigerado que salían expulsados como aire caliente en un sitio de por sí caliente.
La visita a una familia cubana que vivía y por tanto trabajaba en Las Vegas no hizo mas que acrecentar mi sensación.
La gente que trabaja allí, lógicamente no vive en esa calle de luces y hoteles. Por una autopista se llegan a los barrios llenos de casitas, algunas casi bonitas, otras no, sin ningún jardín ni verde posible.

- Aquí el agua es muy cara- me explicaron. Además ni regándolo es posible mantener esto verde.
La casa además del aire acondicionado tenía ventiladores encendidos. Sin llegar a tener calor, el aire era sofocante y la casa permanecía bastante en penumbras gracias a las cortinas - Para evitar el sol en los cristales.
Las tres generaciones de mujeres de la casa: la madre, la hija y la nieta, estaban sin trabajo.
- Aquí sólo existe el trabajo en los hoteles y en los casinos (en realidad todos los hoteles son casinos y los casinos hoteles).
- Ser dealer (o crupier) es el trabajo mejor pagado de aquí, lógicamente, pero a causa de la crisis han echado a muchos de ellos. Lo mas común es trabajar de mucama en uno de los hoteles o sirviendo en un restaurante.
Ahora esperan a que la cosa mejore y mas gente venga a jugar.

Quizá la explicación de que no me gustara esa ciudad radica en que yo no juego. Ni siquiera metí una moneda en una de esas máquinas, que siempre me han parecido que hacen demasiado ruido y me marean sus colores y luces. Quizá sea que no fui a uno de sus famosos espectáculos (Celine Dion, una de las mas "reputadas artistas" estaba de vacaciones, aunque confieso no poder escuchar mas de una o dos canciones de ella). Quizá el espectáculo del Circo del Sol (ese que puedo ver en Madrid, quizá por menos de 120 dólares que valía la entrada allí mas las copas). El único reclamo que me llamó la atención fue un gran cartel que anunciaba "Barry Manillow in Las Vegas". Salí corriendo espantado, imaginando esa versión norteamericana de Julio Iglesias, quizá ya en edad de la jubilación.
Ya a la entrada del hotel, a punto de montarme en el coche que nos llevaría al Cañón del Colorado admiré nuevamente las inmensas palmeras, que llegaban casi a la tercera parte del edificio de 36 pisos.
Son casi perfectas- pensé. Ni una rama seca, todas las puntas de las ramas afiladas. Me acerqué al tronco. Empecé a tratar de hundir la uña en él, y me ofrecía una resistencia rara, se hundía pero al mismo tiempo no lograba partirla.

- Son de plástico también- me dijo Rigo, ¿no te habías dado cuenta?

Me monté en el coche con un enorme suspiro.

Fotos de Las Vegas, Nevada, aquí

Curioso esto, publicado después que este post en El País. Ver aquí

domingo, 15 de agosto de 2010

Hacia el cañón del Colorado


Inmensidad y soledad.
En todos sus colores. Cuando sales por una carretera de Las vegas, aún en el estado de Nevada, el desierto se empieza a apoderar de todo, tu mente comienza a ampliarse como el horizonte y no hay una sola idea que persista de manera puntual. La mente se hace ancha y casi abarca todo, y es el paisaje el que te muestra su amplio espectro en ti. Miles de diferentes colores que cambian con la inclinación de la luz. Como tu mente todo empieza a tener matices espectrales, como aquellos del inicio del blog de Juncal.
Después de salir casi triste de Las Vegas (hablare de ello alguna vez?), descubrir que aún las soledades del desierto son multicolores y cada uno de ellos ofrece una solución o alivio, además de una interpretación.
Después de haber hecho unos 100 kilómetros sin avisar ningún pueblo, apareció aquél cartel de Dolan Springs. Aún habría que hace 10 kms mas para llegar a un grupo de casas y almacenes, de madera y una antigua gasolinera donde estaba la única tienda visible del pueblo. Tres hombres en la entrada, uno tirado en el suelo, evidentemente borracho, conversaba con otros dos, que de pie, tenían sus armas al mas auténtico estilo oeste. A pesar de su indumentaria de vaqueros y lo amenazante para cualquiera que viva en una país donde no se ve a la gente portar armas, lo que se me ocurrió pensar fue cómo serían aquellos dos que podían sostener la conversación con el borracho.
Nos siguieron con la mirada y no sé si llegaron a oír cuando Frank, uno de mis compañeros de viaje me advirtió que no se me ocurriera hacer ni una foto. Era un poco tarde para esconder aquel aparato que colgaba de mi cuello. En la puerta de la tienda, donde tendríamos que entrar para pedir la gasolina un cartel advertía que se reservaban del derecho a dejar entrar a quien
quisieran.
Difícil este sitio-pensé-la única gasolinera en mas de 100 kms y si no te dejan repostar combustible te tienes que quedar en medio del desierto lleno de serpientes de coral y víboras.
Una vez que hubimos echado la gasolina (finalmente me quede fuera de la tienda para observar a los tres y mirar el escenario único) seguimos camino hacia el pueblo más cerca del cañón del Colorado.
Paramos en un pueblecito: Williams. Hay poco que contar del típico hotel de carreteras. Siempre se repite la misma historia: un pasillo, una maquina de hielo, un café aguado en las mañanas y alguien que atiende la recepción que suele ser de origen mejicano.
La gente que va y viene lo hace de forma casi anónima, los hombres por esa zona suelen estar cubiertos por los sombreros, por lo cual apenas se le ven los ojos. Las mujeres son de dos tipos: o las típicas rollizas con pantalones ajustados o las casi moteras, de pelo rubio oxigenado y gafas de sol.
Después de un café imbebible, pero para mi reconfortante con el cigarrillo de por las mañanas, ese que me solía tomar sentado en el borde de la carretera viendo los camiones o las motos pasar, salimos hacia el cañón.
Una primera bienvenida al parque te da los anuncios de una película del cañón en 3D... ¿para que si llegas hasta a.C. te vas a meter en un cine si apenas a medio kilómetro tienes el espectáculo en vivo? Pero créanme, hay quien prefiere ver eso sentado en una confortable butaca refrigerada.
Después de pagar la entrada al parque, nos empezamos a meter en un bosque, que contrasta con todo lo que habíamos visto ya de nevada y Arizona.
Dejamos el coche en una especie de aparcamiento y felizmente descubrí que no había tiendas de souvenir ni letreros multicolores. Había respetado bastante la sobriedad del sitio, y solo una cabaña de madera daba información de las rutas... seguimos andando y casi encima de los últimos árboles se empezó a descubrir algo tremendamente hermoso, gigante...colores de tierra del rojo intenso a los ocres, contra el cielo azul...
A pesar de haber pasado muchas veces delante de cosas que se prestaban para emociones preconcebidas, como la de la primera vez delante de la Mona Lisa o el David, no dejaba de asombrarme cada vez más del espectáculo del vacío con el telón de fondo de aquellas montañas, que resultaban miles una vez que dejas tener la mirada en dos dimensiones y comienzas a ver un real espectáculo en tres dimensiones.
Ya en el borde del precipicio, cuando no es posible andar mas hacia el espectáculo, te detienes y suspiras y sientes lo pequeño que somos, y tú, que ya has renunciado a admirar la belleza publicitada, que prefieres el hollín a los póster de turismo, te das cuenta que hay bellezas a las cuales es imposible renunciar. Son demasiado violentas en sus reclamos hacia ti.
Aunque he hecho muchas fotos, hoy las observo y me pregunto si seré tan mal fotógrafo para que me parezcan la nada al lado de aquello que nos hizo sentir a todos que no habíamos perdido para nada aquél viaje.

Fotos del Grand Canyon, el Bryce Canyon, el Glen Canyon, Zion Park y el lago Powell aquí.

sábado, 7 de agosto de 2010

Viaje hacia la felicidad


Sobrevivir a las emociones de un viaje no es facil. Especialmente si uno reencuentra el presente del pasado de uno mismo.
Mi viaje de este verano a la costa oeste de California me ha brindado sensaciones nuevas sobre viejos recuerdos.
He visto a dos de mis mejores amigos. Han ido alli a verme, uno es el amigo de la
infancia-adolescencia, el de la calle, del barrio, ese con quien pensamos hacernos mayores, y ha asi ha sido. El otro amigo es el de la escuela. Con el que pasaba los peores y mejores momentos del encierro del internado.
A los dos les debo mucho de mi persona. Reconozco aun en ellos cada cosa que provocaban en mi, y exploro hasta dar con los rastros de ellos, esos que me hacen bueno, o parcialmente cínico o esperanzadoramente escéptico.
Mi viaje comienza en San Francisco. En casa de unas amigas de alguien muy cercano. Y es curioso como los amigos de tus amigos llegan a ser los tuyos. Y como aun con estos años se puede hacer cada día un amigo y que los afectos cada mañana entren en ti, mientras observas la niebla de la ciudad, desde lo alto y saboreas el café que la amiga de tu amigo
ha preparado para ti.
A pesar de la sorpresa del frío de San Francisco. A pesar de tener que pasar por Las Vegas para llegar al cañón del Colorado, este viaje ha sido un viaje feliz. Lleno de amistad.
Redescubro que es lo que sigue siendo para mi lo mas importante, gente en quien confiar y compartir sus vidas. Creo que sin ser una noticia nueva, es lo más importante de mi vida.
El tiempo cambia para todos. Hoy los pies cansados nos hacen buscar un par de zapatos cómodos cuando antes nadábamos 1000 metros de una vez...pero no se por que hay algo que siempre permanece en nosotros. Gratamente reconocible.Y me temo que a todos nos pasa igual.
Regreso con varias horas de retraso, aeropuertos, vuelos, gente simpática y gente que no.
Tengo dos buenas amigas con problemas médicos. Y al saber que todo son buenas noticias me pongo feliz. Ellas han estado allí. Las he llevado sin querer conmigo.
Cada vez entiendo menos alguien que no se involucra emocionalmente con su entorno.
O el que no arrastra esos pesados y felices fardos de la amistad.
Más que las anécdotas del viaje, me apetece contar como me siento arropado en la vida. Con esos recuerdos que aun puedo rememorar. Con las nuevas impresiones de las vidas que quedaron interrumpidas en algún momento.

Anoche abro un mensaje...es de alguien de Cuba...en el va una foto mía en la URSS...tendré
pecho para seguir aguantando eso que se agita en mi?

Sinplan y yo en San Francisco y Napa